Remake de la pelicula Psicosis

sep 042010

A Gus Van Sant, director de Mi mundo privado y Todo por un sueño, un cineasta independiente cuyo nombre había crecido en la gran industria, le ofrecieron, en 1998, hacer una remake de Psicosis. Después de analizarlo, Van Sant dijo algo más o menos así: Psicosis es insuperable. La única forma de hacerla de nuevo es hacerla igual, plano a plano, a la original. Yo la hago, pero la hago igual”. Seguramente el diálogo no fue exactamente de este modo, pero lo cierto es que la decisión de Van Sant, fuertemente criticada y cuestionada, fue tan honesta como inteligente, y demostraba, de este modo, que había entendido de qué iba este asunto.

En Psicosis no importa la historia, no importan los personajes, no importa si es en color o en blanco y negro, y tampoco importa si se ambienta en la década de 1960 o en 1990. Como sostenía Hitchcock, lo realmente importante en Psicosis es el montaje, la fotografía, la banda sonora, la forma en la que está narrada la historia, es decir, el cine. Claro, un cine que se valía de algunas técnicas en los 60 y que había cambiado bastante en la década de 1990. El impacto no iba a ser ni fue el mismo. Pero permitió a muchos jóvenes que no veían películas en blanco y negro acercarse indirectamente a un nombre imprescindible de la historia del cine, un caballero británico llamado Alfred Hitchcock.

Para la escritura del guión, Hitchcock contrató a un novato, Joseph Stefano, que demostró ser muy inteligente en los cambios realizados respecto al texto original (ver Moldeando al psicópata). Después de lidiar con los directivos de Paramount, que no querían financiar el filme (ver Un proyecto repugnante), el director recurrió al equipo estable que trabajaba en la serie de televisión Alfred Hitchcock presenta para acotar aun más el presupuesto. La decisión de rodar en blanco y negro también fue para reducir costos, aunque le venía bien para que la escena en la ducha, la famosa escena en la ducha, no fuera muy chocante y aparece Norman Bates con sus dotes de asesino. Menos mal: cincuenta años después, la imagen de Leigh, indefensa en la ducha y recibiendo una lluvia de puñaladas, permanece tan fresca como la sangre recién derramada.

Quienes no la han visto igual la han visto. Aunque ni siquiera hayan oído hablar de ella. La han visto porque este clásico está en una buena cantidad de escenas de terror y suspenso de cientos de películas que se han hecho en los últimos cincuenta años. La han visto porque es la base, la plataforma, la escuelita del crimen de la cual salieron varios monstruos. La escena del asesinato en la ducha, resultado de un montaje filosísimo, calculado segundo a segundo, ha sido replicada, profanada, homenajeada, plagiada y parodiada tantas veces como solo un clásico puede soportar: hasta el infinito y más allá. Estamos hablando de la pelicula de Psicosis, el clásico de Alfred Hitchcock, del que en junio se cumplieron 50 años de su estreno.

Hitchcock se dio el lujo de matar a la protagonista 45 minutos después de iniciada la película, luego de que el público ya había entrado en sintonía con ella. Marión Crane (Janet Leigh), la secretaria que se encuentra a escondidas con su amante y que le roba plata a su jefe, es brutalmente asesinada mientras toma una ducha en un motel en las afueras de la ciudad, la misma noche en la que probablemente decide regresar a Phoenix para devolver el dinero. Quien encuentra el cuerpo es Norman Bates (Anthony Perkins, quien protagonizó las penosas secuelas que se hicieron de este filme), el encargado del motel, quien vive con su anciana madre en una casona contigua al bloque de apartamentos.

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