Nada es bluff de todo lo bien que se habló sobre esta nueva película de los hermanos Coen, que se recorta a un mundo signado por la religión judía en los Estados Unidos, que se devela como una suerte de parábola ancestral y que, sin lugar a dudas, alcanza el nivel de obras como Burton. La trama, como el grueso de las películas de estos hermanos, se ve siempre relegada a la composición de personajes extremadamente bien pensados y analizados.
















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